Capitulo 3

Cello mi amor

El Violoncelo, es una de las cosas más bonitas que me han pasado.
Una vez estaba viendo una película en la televisión, era sobre un señor que vivía en las calles y tocaba con pasión un instrumento de madera grandote, como parecido a un violín pero más grande y con un sonido más bajo. El señor cuando tocaba en la película, debo decir que me erizaba hasta el alma; nunca había escuchado un sonido tan hermoso hasta ese día, ¿era la voz del propio dios que me hablaba? o tal vez fuesen sus ángeles, era celestial; desde ese instante supe que me encantaba.

Tenía una guitarra clásica que me había regalado mi madre de cumpleaños, pero en todo el tiempo que la había estado practicando, nunca me llegó a gustar de tal magnitud como el violoncelo; este último, sólo necesitaba que lo escuchara una vez para enamorarme. Comencé a tomar clases de violoncelo, al principio fue muy difícil, porque como el violoncelo no tiene trastes como la guitarra, hay que aprender a afinar a oído; también, a utilizar el arco de forma correcta en la mano derecha, y en la izquierda aprender la posición para presionar las cuerdas; luego, aprender a leer la partitura en clave “FA” para tocar las notas y así agilizar mi aprendizaje.

Agradezco mucho a las personas que dedicaron parte de su tiempo a mi enseñanza, ya que yo no tenía un profesor fijo, y siempre mi aprendizaje fue con ayuda de muchos amigos y compañeros en el colegio pertenecientes a la modalidad de música; así fue mi proceso para aprender cello mientras fui estudiante de segundaria, ya fue diferente en la universidad.
Desde el momento en que entré a primer semestre en la Universidad Icesi, lo primero que hice fue mirar si en las clases que ofrecía “Bienestar Universitario” había clases de violoncelo, y me puse muy triste porque no. Pregunté con varios profesores y me dijeron que de pronto necesitaban una cellista en el “Grupo de Cámara” de la universidad, que fuera a hablar con el “profe Federico”; y eso hice, sin esperar más tiempo me fui donde el profe y se emocionó por completo, ya que me dijo que llevaba tiempo esperando un chelista en la clase, el problema era que la universidad no tenía cellos, que me tocaría tener el mío propio, y yo no lo tenía. El “profe Federico” le comentó al administrador de los grupos musicales de la universidad mi caso, y gracias a él ahora puedo seguir tocando cello, porque compró un violoncelo sólo para mí y poder utilizarlo en las clases, más que morir de felicidad – o vivir de felicidad- no podía creer que este señor sin bacilos hubiera comprado uno; todavía falta que compren el segundo, el tercero…etc., ja, ja, ja.

En conclusión, apenas llevo dos años tocando cello, pero estos años han sido de maravillosas experiencias y también amargas experiencias claro.-como en mi primera presentación que fue un desastre, nuca la olvidaré, porque cuando salí del escenario un llanto inexplicable surgió en mí; los nervios me habían carcomido por completo durante la presentación, ni siquiera cuando hacia teatro y algo salía mal en escena me ponía de tal forma.- La música es vida que le da color a la mía, nuevos y diferentes matices cada vez que la interpreto; y como todo músico, aun aprendiendo.  

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